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sábado 18 de septiembre de 2021
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No se puede fingir la muerte: una despedida a Carlos Busqued

“Todos somos nuestro propio libro explicativo de por qué salieron mal las cosas”, escribió Carlos Busqued en Twitter hace unos días nomás, el 22 de marzo. Y ahora agarramos sus libros de los estantes y revisamos el archivo de su cuenta en un scroll enfermo para entender lo repentino. Las cosas salieron mal, o simplemente salieron así y punto. Sin demasiadas vueltas. Una muerte directa e inesperada, como sus dos novelas, que generaron desconcierto y entusiasmo en dosis similares. El consuelo de que “nos queda su obra” es un poco flojo porque tenía solo 50 años y era de los mejores entre los suyos, pero válido ante la sorpresa. Porque es difícil que se repita un fenómeno así. Una literatura descarnada y espectral, en la que él estaba y no estaba. Una obra breve, además, de solo dos libros muy distintos pero igualmente impactantes.

Busqued estaba en otra sintonía. En su propia frecuencia. Solitaria, un poco triste y bastante sacada. Por eso nos sorprendió tanto con Bajo este sol tremendo. Incluso al propio Jorge Herralde: después de leerla lo llamó por teléfono desde sus cuarteles de Anagrama, le dejó un mensaje en el contestador y lo sumó a su catálogo sin dudarlo. La recepción elogiosa de una novela brutal lo mareó. “No estoy acostumbrado a nada bueno, ni a que me feliciten por lo que hago. En general soy más de la gente a la que cagan a pedos”, dijo sobre ese momento en el que conoció cierto éxito y reconocimiento.

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