viernes 17 de agosto

Nobel imperdonable

El Premio Nobel de Literatura era algo único porque hasta ahora se regía por dos principios cada vez más escasos: el rigor y el secreto. El rigor se traducía en una búsqueda de la excelencia, que algunos confundían con el récord del mundo del verso y la prosa. En su distancia olímpica, la Academia Sueca se limitaba a aclarar que no elegía al mejor escritor del planeta, sino a “uno muy bueno”. El secreto, por su parte, llevaba a no hacer concesiones: a no filtrar el nombre del ganador a la prensa y a llamar a deshora a los afortunados aun a riesgo de que no acudieran a recoger el premio (Alice Munro) o ni siquiera se dignaran a coger el teléfono (Bob Dylan).

Diezmada por el escándalo de los abusos sexuales cometidos por el marido de una académica —­acusado además de adelantar el nombre de algunos galardonados—, la Academia Sueca ha anunciado que este año no habrá Nobel de Literatura. Tampoco lo hubo en 1918, pero a causa de la guerra mundial, lo mismo que entre 1940 y 1943. Solo en 1935 quedó desierto por falta de consenso en torno al candidato: el español Miguel de Unamuno.


Dejar un comentario