jueves 13 de diciembre

Norita Cortiñas haciendo cosas en lugares

Norita en lugares: en el escenario del último 8M, con los trabajadores del Hospital Posadas y los de Pepsico, con Lula en Brasil, con los Maldonado en Esquel, en la ronda de los jueves en Plaza de Mayo, jugando al fútbol frente al Congreso por la visibilidad lésbica, escrachando a Etchecolatz en Mar del Plata, con el pañuelo verde y el pañuelo blanco, en la puerta de una una comisaría de madrugada esperando noticias después de una tarde de represión policial. Norita parece que está en todos lados. Norita como una Wally de los derechos humanos. No está clonada: maneja su agenda en una libreta chiquita que llena con birome. Los fines de semana está con su familia y aprovecha el tiempo para cortar el pasto de su casa de Castelar. Cada vez que la llaman para combinar una entrevista dice: “llamame la semana que viene tarde, ¿a las once de la noche vos dormís?, ésta es imposible, tengo muchas cosas que hacer”.

Norita Cortiñas se llama Nora Irma Morales y nació el 22 de marzo de 1930. Su familia era catalana y tuvo cuatro hermanas mujeres. Hizo hasta sexto grado, empezó el secundario pero se puso de novia con Carlos Cortiñas y abandonó. Se casó a los 19, en 1950, y el 52 nació su primer hijo, Carlos Gustavo. En el 55 nació Marcelo. En una nota dijo una vez “mi marido era muy machista, no le gustaba que yo trabajara de otra cosa que no fuera atender la casa”. Criaba a sus hijos y era modista, cosía para afuera y daba clases de costura. En la casa no se hablaba de política.


El primero en llevar el tema a la mesa familiar fue Gustavo, que empezó a trabajar en el ministerio de Economía, como su padre. Le pidió a una compañera que lo llevara a la villa 31, donde ella militaba, y ahí se vinculó con el padre Carlos Mugica. En la 31 conoció a su novia, Ana. Se sumó primero a la JP y después a Montoneros. Se casó y tuvo un hijo, Damián. Nora lo vio por última vez el domingo de Pascua de 1977 en la terminal de micros de Mar del Tuyú. Los Cortiñas, sus consuegros y Ana y Carlos habían pasado ese fin de semana juntos. Lo secuestraron unos días después, la mañana del 15 de abril, en la estación de tren de Castelar.

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