martes 28 de junio de 2022
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Nostalgia olfativa. Revalorizar un sentido olvidado

“Cambio a toda esta familia por un segundo con vos #gusto #olfato”. Rodrigo G. lanzó por Twitter un pedido de canje desesperado en pleno proceso de infección por coronavirus.

¿Qué se pierde cuando dejamos de distinguir aromas y sabores? ¿Cuánto influye emocional y socialmente esta alteración? Con las narices silenciadas y la boca anestesiada ya nada huele igual y todo tiene el mismo gusto. La incomodidad y el desconcierto se instalan. La ausencia de percepciones puede durar entre 2 semanas hasta seis meses de acuerdo a los últimos informes médicos. Anosmia, parosmia y ageusia empiezan a sonar fuerte: son los términos que refieren a la falta de olfato y gusto, nuevas palabras que se suman al diccionario pandémico.

Con la memoria emotiva en jaque también crece el temor a olvidar sensaciones y recuerdos que nos transportan al pasado o bien, a situaciones familiares, cotidianas y felices. Como un budín casero o el guiso de la abuela. La nariz como localizador de la propia historia, como una Matrix que mapea zonas de la infancia, pero que también asume un rol preventivo: el olfato advierte incendios, pérdidas de gas, alimentos en mal estado. Peligros que se detectan por su olor.

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