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viernes 23 de octubre de 2020
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Ocho años sin Ray Bradbury: ¿sabés cómo era la cuarentena extrema que imaginó?

Marcianos de piel parda, ojos rasgados amarillos y voces musicales. Un cohete que despega. Paisajes crepusculares. Infancias perdidas. Ferias de atracciones. Porches de viejas casas en Green Town, Illinois. Un cielo de verano atravesado por cometas. Astronaves entre las estrellas. Un niño que descubre la muerte y crece. La melancolía que recorre las calles de un pueblo repleto de vida. Un bebé asesino. La celebración de la existencia y de la belleza del universo. La fragilidad de todo eso. Lo fantasioso y lo real se mezclan en partes iguales a lo largo de la obra de Ray Bradbury​​. También, lo que se creía imposible, pero de pronto sucede. Como morir ocho veces.

El fallecimiento cíclico con sentidas despedidas y asombro por su partida al que lo someten cada 12 meses los usuarios de Facebook desde el 5 de junio de 2012 es un botón de muestra. Este año, además, la confusión puede llegar a ser épica, porque en agosto se cumple un siglo de su nacimiento, y en mayo se celebró el 70° aniversario de la publicación de Crónicas marcianas.

A él le divertiría ese disparate. La imagen es así: libros por doquier, también máquinas de escribir y chiches dispersos por todo el ambiente y, en el medio del caos, él. Tiene un vestuario algo absurdo, el pelo desprolijo, los ojos diminutos detrás del aumento culo de botella de sus anteojos de marco de pasta y la sonrisa amplia que muestra los dientes enormes, algo amarillentos, como los de un conejo.

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