Operativo Aprender: jugar con cosas que no tienen remedio

El ministro de Educación de la Nación, Esteban Bullrich, está desbocado. A la reciente comparación de su proyecto educativo con la Campaña al Desierto del siglo XIX, sumó una nueva figura retórica comparando dos modelos educativos posibles: uno, demodé, representado por “un Falcon de los ´70, excelente para su época”, y otro, aggiornado y moderno, el de la nave espacial para el cual, siempre siguiendo la retórica del ministro, “los docentes tienen que dejar de ser mecánicos del Falcon y transformarse en astronautas”. Sin dar tiempo a procesar estas metáforas cuanto menos desafortunadas, se despachó comparando a las escuelas con “máquinas de hacer chorizos” y elogiando el “compromiso del cerdo” que había puesto panceta en su desayuno con empresarios. Luego agregó a su desenfrenado raid discursivo la insólita y estigmatizante paráfrasis de Ernesto Sanz asegurando que los jóvenes de sectores humildes usarían el dinero de la Asignación por Hijo o el Progresar para comprar balas.