domingo 3 de julio de 2022
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Oprime y estresa: ¿hemos perdido el interés por un mundo hipersexualizado?

El sexo no es lo que era, al menos según un número creciente de autores. La columnista Katherine Dee, por ejemplo, anticipaba el pasado año, en la revista UnHerd, la llegada de una ola de “negatividad sexual” en respuesta a los nuevos estigmas y ansiedades generadas por la narrativa del hedonismo y la idea (o falacia, matiza) del sexo libre. En esta idea abunda ahora Christine Emba, autora del libro Rethinking Sex: A Provocation (Replantearse el sexo: Una provocación), donde plantea que la hipersexualización social ha contribuido a que la gente se crea culpable por no tener relaciones o se avergüence de sus propios sentimientos en favor de un “apetito que tiene que ser satisfecho por encima de todo reproche”.

No existen demasiados datos que avalen estas opiniones pero los que hay son contundentes. En 2016, la revista académica Archives of Sexual Behavior publicó un estudio indicando que la cantidad de sexo que practicaba la generación milenial, al menos la residente en Estados Unidos, era notablemente inferior a la de los X y más cercana a la de los boomers en su juventud: más de un 15% de los nacidos entre 1990 y 1994 no se acostó con nadie entre sus 18 y 22 años, cifra que solo era del 6,3% cuando los nacidos de 1965 a 1969 atravesaban ese tramo de edad. En 2015, el Centro para el Control de Enfermerdades estadounidense también notó un descenso en el porcentaje de estudiantes de instituto que habían tenido relaciones sexuales: el 41%, frente al 54% registrado en 1991.

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