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Buenos Aires
viernes 16 de abril de 2021
Cursos de periodismo

Palabrería e inmoralidad

En efecto: nadie supo prever la magnitud de la catástrofe que se nos venía encima. Los responsables sanitarios de medio mundo fueron incapaces de calibrar adecuadamente el riesgo al que nos enfrentábamos y, por razones que van de la pereza burocrática a la franca ineptitud, los gobiernos occidentales no supieron actuar con la premura y la determinación que la emergencia exigía. Esta idea –en la que se insiste de forma machacona en todo tipo de columnas, mercadillos periodísticos y foros de opinión– corre el riesgo de convertirse en un peligroso sumidero por el que, mucho me temo, acabarán evacuándose algunas responsabilidades. Pero, como no creo que sea el momento más oportuno para dirimir esas responsabilidades, y como tampoco dispongo de las herramientas adecuadas para iniciar una discusión seria sobre políticas sanitarias, daré esta argumentación por buena y trataré de centrarme en una cuestión que no me parece más urgente pero sí más cercana: ¿a qué se debe la ceguera, el ensimismamiento y en ocasiones también el sadismo con el que una parte importante del mundo intelectual ha reaccionado a la emergencia sanitaria que atravesamos?

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