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miércoles 20 de octubre de 2021
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Para Díaz-Canel, la inconformidad ciudadana se soluciona barriendo con aquellos que la denuncian

Exactamente un mes después de las protestas antigobierno que ocurrieron en 62 lugares de Cuba en julio pasado, el presidente Miguel Díaz-Canel decidió recorrer las calles del barrio San Isidro, Habana vieja, para vender la imagen de conquista “revolucionaria” sobre esa zona pobre de la capital. La presencia del presidente en esa barriada, en la que nunca en su mandato había puesto un pie, tuvo la clara intención de plantar la bandera del triunfo como si se tratara de una guerra y un territorio conquistado.

Tiempo atrás, de las entrañas de San Isidro emergió un movimiento de artistas con el mismo nombre del barrio que decidió sublevarse ante el castrismo y que, quizás, haya sido la semilla que hizo luego brotar las protestas en la isla. Para caminar de manera apacible por esas calles, Díaz-Canel tuvo que dinamitar al movimiento San Isidro: a unos los forzó al exilio y a otros los encerró en cárceles de máxima seguridad y en sus propios domicilios. La misma estrategia que hoy emprende para limpiar el país de todo lo que huela a oposición.

washingtonpost.com  (www.washingtonpost.com)