viernes 2 de diciembre de 2022
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Para entender Brasil hay que mirar al Norte

Separadas por poco más de una semana, las elecciones presidenciales en Brasil y las legislativas en Estados Unidos muestran un paralelismo inquietante. Los dos escenarios se han visto transformados por el ascenso y la consolidación de movimientos de ultraderecha, mientras las fuerzas progresistas apelan a un mensaje basado en la defensa de la democracia. El clima que se respira también es parecido, la violencia política se encuentra en ascenso, las calles en disputa, y la pregunta por el futuro cercano aparece tan borrosa como amenazante.

A dos años de su derrota electoral, la influencia de Trump sigue siendo determinante en Estados Unidos. Cuando anuncie su candidatura presidencial, será el principal favorito para obtener la nominación del Partido Republicano y un serio contendiente para regresar a la Casa Blanca. Ahí ya hay una marca: para el país norteamericano es la primera vez que un expresidente mantiene su relevancia política luego de dejar el cargo. Una salida que, por cierto, fue todo menos normal. Trump no reconoció la derrota e instigó a una movilización que terminó con el Capitolio prendido fuego, un intento de golpe de Estado inédito en la historia reciente del país.

La modulación de las reacciones dentro de la derecha fueron sintomáticas. Luego de un primer momento en el que la carrera política de Trump parecía terminada, con el veterano líder parlamentario Mitch McConnell amenazando con sacrificar al expresidente en un impeachment para correrlo del partido, el episodio comenzó a quedar atrás. Trump sobrevivió al impeachment con un apoyo masivo del partido –incluido el propio McConnell, que entendió que los costos internos serían mayores– y el foco se desplazó al asedio del nuevo gobierno.

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