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domingo 17 de octubre de 2021
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Paradojas del cepo al dólar: los perdedores (y ganadores ficticios)

Supongamos un tambero que produce leche y la vende. Parte de lo cobrado lo invierte en mantener su tambo y las vacas en buenas condiciones y, el resto, se lo consume. Un día decide que se va a gastar todo lo que le entra y, por supuesto, su nivel de bienestar se incrementa y toda su familia está muy feliz, porque se pueden dar muchos más gustos que antes. Todo funcionará muy bien hasta que la maquinaria del tambo se destartale y las vacas se le mueran por falta de adecuada atención.

Este ejemplo nos da una pista de la paradoja que surge al leer los diarios, ver TV o escuchar la radio. Nos enteramos que mientras las economías regionales, buena parte del sector agropecuario y las pequeñas y medianas industrias están desbarrancándose (y, en muchos casos, al borde de la quiebra), las ventas de entradas a espectáculos, el turismo y la construcción han aumentado durante este año. Al fin y al cabo, ¿estamos bien o estamos mal?

Imaginémonos a un productor local de bienes en medio de una prensa. La parte superior de ella está dada por los precios de los bienes que suben relativamente lento, ya que, como se pueden importar o exportar, siguen el tipo de cambio oficial que el Gobierno se empeña en retrasar con el cepo cambiario. Mientras que la parte inferior está dada por sus costos que aumentan más rápido, al ritmo de la fuerte y real devaluación (depreciación) del peso, o sea, del impuesto inflacionario. Así, observamos que la prensa se va cerrando y asfixia cada vez más al productor. Además, para sostener el enorme gasto público, la presión tributaria está en niveles de récord histórico y supera el 45% de la producción de riqueza, cuando hasta principios de este siglo nunca había pasado del 30%. No es raro que entre el cepo y semejante carga impositiva tengamos a gran parte del sector agropecuario e industrial al borde la quiebra.

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