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martes 21 de septiembre de 2021
Cursos de periodismo

Péguele a Pepé

En noviembre de 2019, un ya presidente electo Alberto Fernández dio una especie de lección sobre Bugs Bunny. Todo lo que dijo (empezando por “Los dibujos animados son una forma de control social y Bugs Bunny es un gran estafador”) estaba mal e hice un hilo en Twitter sobre el personaje a modo de respuesta que resultó una especie de éxito. Me sorprendió tanto como a cualquiera que Fernández hablara con ligereza de un tema del que desconocía prácticamente todo, basado en la chusca lectura que había hecho de Para leer al Pato Donald, un librito que el propio Ariel Dorfman dice que era una provocación. A la larga, esa “provocación” hizo escuela y la lectura sesgada, insuficiente y ahistórica (y sobre todo ignorante) de ciertas animaciones e historietas parece haber tenido mejor fortuna que las historietas y las animaciones condenadas.

Esta semana le llegó la picota a Pepé Le Pew. Convengamos que la vimos venir, que la cultura de la cancelación no podía no caerle al zorrino calentón, intenso y alienado que persigue a cualquier animalito negro con una raya blanca en el lomo. La cosa es que un columnista de The New York Times llamado Charles M. Blow (activista anti-racista y también LGTB desde que se definió como bisexual) condenó en un artículo al personaje por “sumar a la cultura de la violación” y armó un áspero debate sobre su legitimidad contemporánea. Además, se supo que las escenas de Pepé Le Pew en Space Jam 2, que se estrena a mediados de año, fueron eliminadas, con preocupaciones similares sobre la corrección política del personaje.

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