Pequeña Victoria: una nueva ética de los afectos

En los primeros capítulos, Pequeña Victoria ya se inscribe como la novela que se mete en las casas, las camas, las peluquerías, las tesis. En realidad, muestra lo que ya pasa en muchas de esas casas camas, peluquerías y tesis: las nuevas mapaternidades atravesadas por los deseos, las identidades y los avances científicos. Bárbara puso el vientre; Jazmín el óvulo (y la plata); Emma, el esperma y Selva, el auto. Recién se conocen. Pero no son tan distintas.