Perfil de Patricia Bullrich: gobernar es gatillar

Un hilo invisible une a Carolina Serrano, aquella inexperta guerrillera montonera que escondía detrás del alias a una joven de la altísima sociedad porteña, con Patricia Bullrich Luro Pueyrredón, la actual ministra de Seguridad de la Nación.

Ese hilo conecta los dos extremos de un recorrido que desde lejos parece contradictorio, pero que tiene una lógica interna vinculada a la personalidad y a la ambición política de Bullrich. Quienes la conocen desde hace décadas, quienes la acompañaron en alguna de las decisiones que la depositaron en el gabinete de Mauricio Macri, lo saben. Ese hilo traza un recorrido sinuoso, pero su fibra permanece intacta a lo largo del camino. Y en ese núcleo se revela la lógica del cambio: la apuesta altísima, fuerte, siempre a todo o nada.


Fue a todo o nada la decisión de unirse a una organización armada para enfrentar a la dictadura militar. Y fueron a todo o nada cada una de las siguientes decisiones de su vida política. A ganar o morir. La última, cuando eligió a ojos cerrados creerles a los 35 gendarmes que participaron de la represión que terminó con la muerte de Santiago Maldonado. “Nos jugamos en la ruleta a confiar en Gendarmería. Y salió bien”, reconoció uno de sus funcionarios más cercanos.