¿Periodismo para qué?

Los periodistas somos los héroes de la libertad de expresión. Esto es gracias a los grandes periodistas del siglo XX que pusieron al periodismo en el centro de la democracia, y también por las películas en las que los periodistas somos seres sin vida personal porque hemos dedicado nuestro destino a defender la democracia y denunciar a los poderes. Pero llegó el siglo XXI y hemos entrado en desgracia, ya que parece que no servimos para nada, o tal vez solo servimos para adular y servir al amo. Hemos llegado al periodismo mascota: todo por una galletica o un mimo del poder, de la fuente, del anunciante, del dueño. Tan mal andamos que hasta Clark Kent, Superman, renunció al Daily Planet para crear un blog.

Hace poco leí esto: “Lo que es ingenuo esperar es que The Washington Post cuestione las irregularidades de Amazon, que El Tiempo denuncie los abusos del sistema bancario o que El Espectador exponga las realidades del monopolio cervecero o del duopolio televisivo”. Esto escribe el periodista y exdirector de El Tiempo Enrique Santos Calderón en su libro “El país que me tocó vivir”, (Debate, 2018, p. 188).


Hace poco leí que refiriéndose a María Isabel Rueda, Mauricio Pombo escribía en El Tiempo que “así como los jueces, fiscales y funcionarios públicos deben manifestar sus impedimentos, los periodistas también lo deberían hacer, o al menos dejarnos saber quiénes son aquellos personajes que pueden influir en sus opiniones. Al fin y al cabo, si uno los oye todos los días preguntándose cosas y los domingos dando línea, pues no estaría mal saberlo”.