martes 11 de diciembre

Periodista de día, espía policial de noche: la Justicia indagó al infiltrado en la Agencia Walsh

Cinco años después de haber sido descubierto en su doble rol, prestó declaración indagatoria Américo Balbuena, el oficial mayor de Inteligencia de la Policía Federal infiltrado en la Agencia de noticias Rodolfo Walsh durante once años, que habría espiado a centenares de organizaciones políticas, sociales, sindicales, estudiantiles y de derechos humanos.

El jueves pasado, ante el juez federal Sergio Torres, negó ser agente de inteligencia, dijo haberse retirado de la Federal en 2014, gracias a lo cual cobra 60 mil pesos de jubilación. “Es extraño para alguien que trabajaba en horario discontinuo y prácticamente no hacía nada porque a toda hora del día estaba disponible para la Walsh. Si lo de Balbuena allí no era inteligencia, ¿cómo puede haberse mantenido como oficial mayor durante más de una década si no hacía otra cosa?”, advirtió el abogado querellante Matías Aufieri en diálogo con Página/12.


”Cuando la verdad salió a la luz, la Federal le abrió un sumario interno pero no se investigó nada, salvo a las organizaciones ya espiadas por Balbuena (…) como si quisieran enviar el mensaje que sólo saben investigar a las organizaciones políticas y que no dejarán de hacerlo”, señaló Myriam Bregman, diputada porteña (PTS-FIT) y autora de la denuncia que abrió la causa junto con el Encuentro Memoria Verdad y Justicia.

En mayo de 2013 este diario denunció el caso y la entonces ministra de Seguridad, Nilda Garré, ordenó investigar a todos los jefes de la División de Análisis de la Federal, para establecer si sabían que Balbuena violaba el reglamento del Personal Civil de Inteligencia (PCI), que les impide trabajar en cualquier medio de prensa. “El sumario fue una farsa, y hasta hoy la Federal sigue sin informar la totalidad de los superiores que (Balbuena) tuvo a lo largo de su carrera”, lamentó Aufieri.

Hoy, parte de la causa está en manos de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), que debería peritar las computadoras de la Federal e informar las tareas asignadas a Balbuena. “Imposible confiar en ningún miembro de las cloacas de inteligencia”, subrayó Bregman, integrante del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (Ceprodh), al igual que Aufieri.

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