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sábado 28 de noviembre de 2020
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Peronismo PRO

La “revolución de los orilleros” del 5 y 6 de abril de 1811, un golpe de mano que fortaleció al ala saavedrista de la Junta Grande en detrimento de la morenista, marcó la irrupción de los sectores subalternos en la vida pública rioplatense e inauguró un modo de hacer política en lo que más adelante sería la Argentina: con “el pueblo” en la calle. Mucha agua corrió debajo de ese puente hasta que el peronismo sistematizó la práctica y la llevó a nuevos niveles, exacerbando para siempre los fantasmas de sectores medios y acomodados: pareciera que los 70 años mal calculados de maldición que lloran los autodenominados republicanos son, en verdad, bastantes más. La novedad en la era de la pandemia es que esta otra Argentina, la conservadora, redescubre el valor simbólico de la política callejera. Ese y otros rasgos marcan su reconversión al populismo, uno de derecha, claro, e incluso con componentes ultras. Unos y otros, en un sentido, ya no son tan distintos.

El 17A no constituyó, ni por lejos, la primera manifestación callejera de la patria conservadora. Sin embargo, esta recupera un ejercicio de movilización que, en general, había sido más bien espasmódico y que se impone con pertinacia en medio de una pandemia que, por alguna razón, preocupa más a los sectores populares, que han abandonado la calle. Ante el vacío forzado de las avenidas y las plazas, “la Argentina silenciosa” se fue envalentonando y haciendo cada vez más ruido, casi cotidianamente, con cacerolas en balcones y esquinas, con bocinazos y, finalmente, copando el espacio público. Si este no es el pueblo, ¿el pueblo dónde está?

letrap.com.ar  (www.letrap.com.ar)