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martes 28 de septiembre de 2021
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Pfizer o cómo sacar provecho de una pandemia

Pfizer está actuando como un matón en el patio del recreo con países desesperados por conseguir suficientes vacunas para acabar con la pandemia.

Pfizer es una de las empresas que ha ganado la carrera por una vacuna contra el coronavirus. Bravo por eso. El acceso rápido a las vacunas es una de las condiciones cruciales para superar esta crisis mundial.

Pero Pfizer es también una de las empresas más poderosas del mundo, una multinacional que el año pasado repartió 8.400 millones de dólares en dividendos a sus accionistas. Este año debería ser mucho más. Pfizer espera que las ventas se sitúen entre 59.000 y 61.000 millones de dólares. Esto supone un espectacular aumento del 44% con respecto a 2020. La vacuna debería representar una cuarta parte de las ventas. Sólo con la venta de la vacuna se obtendrá un beneficio de 4.000 millones de dólares. Como monopolio temporal, Pfizer puede contar con gobiernos muy interesados en vacunar a su población lo antes posible.

Es en Israel, con el contrato entre la multinacional y el gobierno, donde más evidente es esta mezcla tóxica entre ganancias, salud y políticos que quieren destacar. En la mayoría de los medios de comunicación se podían leer artículos admirativos por ese contrato. Era la historia de un pequeño país que se convirtía en campeón de vacunas a una velocidad récord. Este celo contrasta con las vacilantes campañas de vacunación en la mayoría de los países de la Unión Europea.

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