viernes 21 de septiembre

Pity Álvarez y el día que comenzó su conflicto con Cristian Díaz

Las cosas pasan porque sí. Destino, azar, energía. Pero las cosas pasan.

Esa tarde -como tantas tardes- Cristian Gabriel Álvarez Congiú, alias Pity, 46 años, tenía plata y ganas de pegar otra vez. Entonces bajó de su departamento de la Torre 12 del barrio Samoré y caminó hacia la remisería de la calle Castañares.


En esos 300 metros se cruzó con un amigo del barrio. Lo saludó, abrió su mochila, le mostró los billetes y separó una parte, que dejó a su cuidado. Era una de las pocas personas en las que confiaba; el único al que se animaba a dejarle dinero. Varios pibes lo habían dormido: decían tener contactos con nuevos transas, le sacaban los billetes y desaparecían. O volvían y le aseguraban que la policía les había quitado la plata y la droga a cambio de no detenerlos.

Por eso solía pedir droga a domicilio. O iba directamente a comprarla.

-¿Con todo eso te vas a ir? -le dijo su amigo, por el resto-. Dejame un poco más. ¡Te la vas a gastar toda! ¡Si con lo que tenés en el bolsillo te alcanza!

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