Pobreza: «el efecto derrame» ya no tiene quien lo defienda

Si alguien se sorprendió cuando el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) difundió recientemente que uno de cada tres habitantes en Argentina es pobre, no hay demasiadas explicaciones: o es un kirchnerista acérrimo o es un hipócrita. La pobreza en la Argentina existe desde hace años y pese a que la ayuda social fue creciendo -desde las 500.000 personas que durante el gobierno de Raúl Alfonsín eran beneficiadas por las cajas del Plan Alimentario Nacional (PAN) a las 9 millones que en la actualidad reciben la Asignación Universal por Hijo (AUH)- nunca logra bajar del 25% promedio.

Con el macrismo en el Gobierno, el termómetro del Indec volvió a funcionar tras nueve años de manipulación de los datos sobre el tema. El anteúltimo relevamiento del organismo fue en 2013, durante el mandato de Cristina Kirchner, en el que se aseguraba que en la Argentina había solo 4,7% de pobres. El ex ministro de Economía Axel Kicillof explicó en 2015, con un cinismo desolador, que el índice de pobreza se dejó de medir porque era «bastante estigmatizante». Después llegó lo peor: la propia Presidenta se burlaba de medio mundo al asegurar ante la oficina de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), en Roma, que la pobreza se ubicaba en la Argentina por debajo de 5%, gracias a las políticas activas implementadas por el kirchnerismo en la década ganada.