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domingo 24 de octubre de 2021
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¿Podremos lograr que las computadoras presientan nuestra muerte?

De las muchas pequeñas humillaciones que se le acumularon a un joven oncólogo durante su último año de beca, quizá esta haya sido la más extraña: al parecer, un gato blanco con negro, de 2 años, llamado Oscar tenía una mayor capacidad que muchos médicos para predecir el momento en que fallecerían los pacientes con enfermedades terminales. La historia, sorprendentemente, se publicó en The New England Journal of Medicine en el verano de 2007. El equipo médico adoptó a Oscar cuando aún era una cría y este se volvió el rey de uno de los pisos del geriátrico Steere House en Rhode Island. Cuando el gato olfateaba el aire, estiraba el cuello y se acurrucaba junto a un hombre o una mujer, era señal inequívoca de una muerte inminente. Los médicos entonces llamaban a los familiares para que hicieran una última visita. En el transcurso de los años, el gato se acurrucó junto a cincuenta pacientes. Cada uno de ellos falleció al cabo de un corto tiempo.

Nadie sabe cómo fue que el gato adquirió estas extraordinarias capacidades para oler la muerte. Quizá la nariz de Oscar aprendió a detectar un olorcillo especial a muerte: por ejemplo, los químicos que liberan las células al morir. Quizá había otras señales indescifrables. En un principio yo no lo creía por completo, pero la perspicacia de Oscar fue corroborada por otros médicos que vieron al gato profético en acción. Tal como escribió el autor del artículo: “Nadie se muere en el tercer piso a menos que Oscar le haya hecho una visita y se haya quedado un rato”.

nytimes.com  (www.nytimes.com)