viernes 2 de diciembre de 2022
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Podríamos tener solo unos meses para prevenir la siguiente pandemia

Me preguntan a menudo qué se sintió tener ébola.

Ocho años después, todavía es difícil responder. Pero la verdad es que sentí culpa. Culpa por ser diagnosticado tan solo horas después de ingresar a un hospital en Nueva York y saber que mis pacientes en Guinea esperaban en un limbo durante días o más tiempo. Culpa por tener a tantas personas encargadas de mi cuidado mientras recordaba las decenas de pacientes a quienes trataba de manera frenética y al mismo tiempo en África Occidental. Culpa por sentirme inútil a medida que mis pacientes fallecían, la peor sensación para cualquier médico.

En los primeros días de mi enfermedad, me obsesioné con mi mortalidad, una fijación comprensible, dadas las altas probabilidades de que no sobreviviera. Sin embargo, cuando quedó claro que superaría la enfermedad (como muchas de las personas que recibieron tratamiento en Estados Unidos lo hicieron al final), recuerdo haber sentido consuelo al pensar que nunca tendría que experimentar la tristeza y la desesperación que vi en esos hospitales construidos de forma apresurada en Guinea en 2014. Con certeza, el mundo nunca volvería a ser sorprendido sin prepararse para algo así.

nytimes.com  (www.nytimes.com)