Populismo gentista 2.0

    El diseño comunicacional de Mauricio Macri combina dosis de propaganda política clásica, difusión en redes sociales digitales donde se segmenta a la audiencia en fragmentos socioculturales y geográficos, selección de relatos intimistas sobre algunos de los dirigentes (sobre todo, de la gobernadora María Eugenia Vidal) y el ícono de un entorno familiar tuneado en laboratorio con la pequeña Antonia como fetiche. Este diseño suele hacer cortocircuito cuando el imprevisto sorprende a sus ejecutores frente a los principales problemas políticos gestados y administrados por el Gobierno

    Si a la apuesta por prescindir de las mediaciones institucionales y establecer nexos directos entre gobernante y gobernados se la designa como un rasgo populista, el macrismo entonces pertenece a una evolución 2.0 del populismo. Su uso de redes sociales digitales, que combina con elementos clásicos de la propaganda política, es “gentista” en el sentido de que “la gente” es invocada como fuente de consenso y legitimidad de la acción política.

    El macrismo hace bandera de su diferencia con el kirchnerismo, con el que lo distancian concepciones, prácticas y estilos en varias cuestiones. Pero la obsesión por el control de los flujos informativos no es una de ellas. Si el kirchnerismo representó esa obsesión a través de la guerra desatada con el Grupo Clarín a partir de 2008, por lo que financió un arsenal de medios y productoras oficialistas (estatales y privados), el macrismo lo hace a través de estrategias múltiples que, al menos en este inicio del mandato del presidente Macri, se revelan eficaces como tácticas de contención y retroalimentación con la llamada opinión pública.