Por qué Alberto eligió a Guzmán, con qué lo tienta Wall Street y hasta cuándo sigue el cepo

Martín Guzmán supo que le tocaría renegociar la deuda que dejó como legado Mauricio Macri apenas diez días atrás. Bastante después de la conferencia que ofreció para la UNCTAD en Ginebra, donde expuso por primera vez su propuesta de no pagar capital ni intereses por dos años y su recomendación de no pedir nuevos desembolsos al Fondo Monetario. Esa misma semana de fines de noviembre, en Buenos Aires, Guillermo Nielsen todavía se movía como número puesto para ocupar el despacho del quinto piso del Palacio de Hacienda. Martín Redrado tampoco perdía las esperanzas.

Lo que inclinó la balanza contra los dos más experimentados y a favor del más joven no fue el equilibrio de fuerzas al interior del Frente de Todos sino que, como en el mito de Ícaro, los primeros se acercaron demasiado al sol. Esa semana fatídica para sus aspiraciones ministeriales, Nielsen ya había designado una vocera de prensa y hasta había conversado informalmente en Miami con el director para el Hemisferio Occidental del FMI, Alejandro Werner. Pero en una reunión con directivos de aseguradoras y fondos comunes de inversión, a la que acudió acompañado por el exsecretario de Finanzas Adrián Cosentino, avanzó sobre definiciones que Alberto Fernández todavía no había tomado.


«Este bono me lo compra hasta (el fondo estadounidense) PIMCO. No me podés decir que no», cuentan los aseguradores que les dijo Nielsen ese día. Se trataba de un título en pesos con tasa BADLAR+5 (cinco puntos por encima de la tasa promedio de plazos fijos mayoristas) con el que supuestamente el entonces presidente electo iba a refinanciar la deuda en moneda local. El ahora designado chairman de YPF también había dado por confirmado su nombramiento en encuentros con financistas extranjeros, a quienes les había dicho incluso que planeaba bajar la inflación al 20% en un año.