Por qué creemos que nuestro partido siempre tiene razón y los demás están equivocados

Es muy probable que creamos ser personas absolutamente racionales, y más cuando se trata de votar. Es común pensar que evaluamos las propuestas de los diferentes partidos y que, tras un análisis racional, decidimos cuál es la opción más adecuada y en la que confiamos para solucionar los problemas de nuestro país.

Pero no es del todo cierto. No evaluamos la información por sí sola, sino que lo hacemos teniendo en cuenta nuestras ideas, creencias y preferencias previas. De hecho, los argumentos que damos en defensa de una elección vienen casi siempre después de haber tomado la decisión de modo instintivo, y no antes.


Somos víctimas del sesgo de confirmación, es decir, la tendencia a buscar y encontrar pruebas que apoyan las creencias que ya tenemos e ignorar o reinterpretar las pruebas que no se ajustan a estas creencias. Este sesgo, como explica María Puy Pérez Echeverría, profesora de psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, está patente en muchos ámbitos de nuestra vida, aunque por lo general no seamos conscientes.