¿Por qué creer en el periodismo?

Vive días difíciles el periodismo. En estos tiempos cuando la verdad camina al mismo paso de la mentira —así se la llame con el elegante eufemismo de “posverdad”— y cuando parece tarea inútil poder poner a cada una en su lugar, se podría llegar a dos conclusiones divergentes: Una, aceptar que el periodismo ha muerto definitivamente y que la información en adelante caminará de la mano de las emociones y su indignación pasajera, del activismo con sus intereses particulares, de la manipulación disfrazada de denuncia o de la simple reafirmación de nuestras ideas y nuestros gustos. La otra, hacer una zancadilla a la tendencia para afirmar que quizás nunca como ahora se ha requerido de un periodismo comprometido con un manejo profesional de la información, sin temores, sin complacencias, sin juegos dobles, sin ánimo de protagonismo.