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sábado 31 de octubre de 2020
Periodismo . com

¿Por qué el capitalismo está en constante conflicto con la democracia?

El sistema económico capitalista ha tenido siempre grandes problemas con la política en sociedades dotadas de sufragio universal. En previsión de tal situación, la mayoría de los capitalistas se opusieron y resistieron durante mucho tiempo a extender el sufragio más allá de los ricos poseedores de capital. Solo presiones masivas desde abajo forzaron repetidas ampliaciones del derecho al voto hasta que se logró el sufragio universal, al menos legalmente. Hasta el día de hoy, los capitalistas desarrollan y aplican todo tipo de mecanismos legales e ilegales para limitar y restringir el sufragio. Entre todos aquellos que están comprometidos con la conservación del capitalismo, el miedo al sufragio universal es profundo. Trump y sus republicanos ejemplifican y actúan sobre ese miedo al avecinarse las elecciones presidenciales de noviembre de 2020.

El problema surge de la propia naturaleza básica del capitalismo. Los capitalistas que poseen y gestionan empresas comerciales —los empleadores como grupo— constituyen una pequeña minoría social. En cambio, los empleados y sus familias son la mayoría social. La minoría de empleadores domina claramente la microeconomía dentro de cada empresa. En las corporaciones capitalistas, los principales accionistas y la junta directiva que aquellos seleccionan toman todas las decisiones clave, incluida la distribución de los ingresos netos de la empresa.

Sus decisiones asignan una gran parte de esos ingresos netos a ellos mismos en forma de dividendos de accionistas y paquetes remunerativos para los ejecutivos de la alta dirección. Por tanto, sus ingresos y riqueza se acumulan con mucha mayor velocidad que los promedios sociales. En las empresas capitalistas privadas, sus propietarios y altos directivos se comportan de manera similar y disfrutan de un conjunto parecido de privilegios. La renta y la riqueza desigualmente distribuidas en las sociedades modernas fluyen principalmente de la organización interna de las empresas capitalistas. Los propietarios y sus altos directivos utilizan así su desproporcionada riqueza para moldear y controlar la macroeconomía y la política que va entretejida con ella.

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