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sábado 23 de octubre de 2021
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Por qué el Jesús del arte nunca se pareció al de la Biblia

Incluso quienes somos ateos aceptamos que, durante siglos, el arte europeo giró en torno a la mitología cristiana. Al menos en su mayor parte. Esto, me permito añadir, nunca debería alejar del arte cristiano a quienes no se consideran religiosos. Al contrario. El arte fue muchas veces el equivalente de nuestras actuales televisiones, radios y periódicos. Imperios y religiones lo usaban para comunicarse con los humildes. Así, viendo cómo se representaban visualmente determinadas ideas, podemos entender mejor a aquellos pueblos donde la historiografía escrita era un lujo reservado para una minoría de individuos con formación, mientras los demás obtenían sus conocimientos de la tradición oral, pero también de las esculturas y pinturas que representaban conocimientos y creencias básicas.

Uno de los aspectos que me han llamado siempre la atención es la representación de la figura central de la religión que dominó Europa durante tanto tiempo, el cristianismo. Jesús de Nazaret es un misterio como figura histórica. La información que tenemos sobre él proviene sobre todo en los Evangelios, textos que para cualquier no creyente resultan imposibles de admitir como verosímiles en su totalidad, debido a la elevada carga de sucesos sobrenaturales. Incluso la parte biográfica más convencional puede estar sujeta, como poco, a la duda razonable. Algunos llegan más lejos y sospechan que no existió un Jesús, o no uno parecido al de los Evangelios. Pero el objeto de este artículo no es discutir estos asuntos. Al revés: pongámonos en la piel de los creyentes de otro tiempo y demos por buenos los textos evangélicos en su totalidad. Solamente así podremos entender la evolución del arte cristiano, porque estaba dirigido a ellos.

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