sábado 4 de diciembre de 2021
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Por qué es sano masturbarse (incluso cuando tienes pareja)

Si hubiera que escribir un libro de texto sobre sexo, en el que las materias y su orden fueran asignadas con criterios didácticos, por sexólogos, seguramente se empezaría por la masturbación, con el fin de conocer bien el propio cuerpo y la respuesta sexual. Una vez dominado este campo, el siguiente nivel sería el sexo manual con otro, para explorar a fondo el nuevo terreno a pisar, sus gustos y preferencias; para luego seguir con otras lecciones más avanzadas: penetración, sexo oral, anal, etc. Inconscientemente, la mayoría ha seguido este orden en su vida erótica –pajas, magreos y coitos-–. Los hombres desde luego, y cada vez más mujeres de las nuevas generaciones porque nuestras madres y abuelas lo más seguro es que invirtieran completamente el orden. Es muy posible que muchas, por falta de interés, tiempo o por creencias e ideologías, se saltaran la última lección, que en realidad era la más importante de todas.

Como en cualquier buen aprendizaje, los conocimientos básicos no se olvidan, sino que se incorporan en los posteriores, aunque no estoy segura de que en materia de sexo se siga esta regla. Por supuesto que casi todos aceptamos ya la practica masturbatoria como sana, adecuada y muy instructiva, excepto las diversas religiones y sus practicantes más integristas, que todavía debaten si su particular dios la aprueba y bajo que circunstancias. Tecleen en Google “masturbación en la pareja” en inglés, y obtendrán un completo tratado de teología. Pero cuando preguntamos si el autoerotismo nos sigue pareciendo adecuado, una vez conocida ya la media naranja, la cosa cambia. Una amiga mía, nada sospechosa de pertenecer a la fracción más extremista de ninguna religión, dejó a su novio cuando un día llegó a casa y lo vio masturbándose frente a la pantalla del ordenador, que proyectaba un vídeo porno.

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