miércoles 20 de febrero

¿Por qué es tan difícil creerle a una mujer?

El 11 de diciembre la agrupación Actrices Argentinas acompañó la denuncia pública de violación que la actriz Thelma Fardin hizo contra el actor Juan Darthés . El hecho sucedió durante una gira en Nicaragua (donde la víctima, asesorada por la abogada feminista Sabrina Cartabia, hizo también una denuncia penal) en el año 2009. Darthés tenía 45 años; Fardin, 16.

Frente a la ola de amor y apoyo por parte de mujeres y varones, vale la pena mirar también el vaso medio vacío: la desconfianza y el ninguneo que la denuncia de la víctima despertó en cientos de miles de anónimos en redes sociales, y también en algunos famosos que con más o menos disimulo están expresando su escepticismo. No es una cuestión de pesimismo: es que el aparato del descreimiento es parte de lo que hace posible que la violencia sexual siga sucediendo. Nadie desconfía tanto cuando una cuenta que le robaron el celular o la billetera en el colectivo; se sobreentiende que es algo común. Cabe entonces la pregunta: ¿por qué es tan difícil de creer algo que pasa todos los días?


Primero, porque queremos creer que estas cosas no pasan todos los días. La idea de que los violadores son unos “psicópatas” es cómoda, pero no resiste ninguna contrastación con la realidad. Los violadores son hombres de familia: son maridos, son actores o productores exitosos, son padres, son tíos, son amigos de mucha gente. No todos son ricos, pero muchos lo son: también son perfectamente funcionales y están integrados a la vida de su comunidad. Muchos de ellos, incluso, sostienen cartelitos de Ni Una Menos. Es más fácil pensar que son “cinco loquitos”, fáciles de identificar: que son tipos feos, raros o marginales que te esperan solos abajo de un puente a las tres de la mañana. Si fuera así el problema sería mucho más sencillo de resolver, pero el caso es que no es así. Esas imágenes, además de ser estigmatizantes, son un reflejo pobre de lo que sucede en la vida real.