miércoles 29 de junio de 2022
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Por qué Finlandia y Suecia no pueden saber si estarán más seguras dentro de la OTAN

Durante mucho tiempo, los países nórdicos se vieron a sí mismos como elegantes potencias humanitarias que trabajaban por el mantenimiento de la paz. Las identidades nacionales de Suecia y Finlandia están ligadas a su política exterior hasta un punto inusual: los suecos se identifican con una tradición centenaria de neutralidad, mientras que los finlandeses destacan su talento para la realpolitik [política pragmática] y su capacidad para sacar el máximo partido a su volátil geografía, que incluye una frontera con Rusia de 1.330 kilómetros de extensión. Ahora que ambos países han presentado formalmente sus solicitudes de adhesión a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, cada uno de ellos renunciará a esta desviación de la norma europea. Finlandia, en particular, parece dispuesta a adoptar una política exterior más estándar. ¿Pero a qué precio?

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la élite política finlandesa ha navegado ágilmente entre el poder ruso y el occidental. A pesar de encontrarse en una situación complicada, los finlandeses han jugado su mano con una habilidad excepcional. A lo largo de las décadas de posguerra, Finlandia pasó de ser el país más pobre de Europa, como lo era en 1945, a tener el nivel económico del resto de Europa occidental, incluso manteniendo una sociedad mucho más igualitaria. Ahora, Finlandia está abandonando esta cautelosa estrategia de oscilación entre dos zonas de poder y abraza completamente a Occidente, a medida que el país escandinavo avanza hacia la OTAN.

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