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martes 20 de abril de 2021
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Por qué Guzmán dice que ya no puede cerrarse la economía ante la pandemia como en 2020

«Hoy la economía no podría soportar un cierre total, una cuarentena estricta del tipo Fase 1 como aquella que se implementó en marzo de 2020», sostuvo este domingo el ministro de Economía, Martín Guzmán. Diversos economistas coinciden con él, consideran que ya de por sí la cuarentena del año pasado fue difícil de tolerar desde el punto de vista económico y social, aunque reconocen que la última palabra radicará en la situación sanitaria. Si colapsa las terapias intensivas y mueren las personas en la calle, difícilmente puedan seguir abiertas todas las actividades económicas.

Si cerrasen, el Gobierno se vería obligado a reinstalar el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y el subsidio al salario privado a través de la Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP), lo que obligaría a aumentar el gasto público, que a su vez debería financiarse con emisión monetaria. Guzmán, a partir del consejo de la jefa de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Mercedes Marcó del Pont, viene advirtiendo de que esa impresión de billetes termina impactando en los dólares paralelos, lo que alimenta las expectativas de devaluación del peso oficial, con su amenaza de efecto inflacionario.

Francisco Eggers, profesor de la Universidad de La Plata, recordó que el año pasado el Banco Central asistió al Tesoro con $1,8 billones. «Eso no se puede dar todos los años. No hay ninguna duda de que en 2021 la asistencia tiene que ser menor que la del año pasado, pero veremos cuánto», evaluó Eggers. También señaló el salto del dólar blue a casi $ 200 en octubre pasado, cuando la cuarentena comenzó a relajarse y empezó a reactivarse la economía: «La brecha cambiaria impactó en las reservas, lo que constituía una presión sobre el dólar oficial. Sobre la inflación también pudo haber impactado, pero en forma más indirecta: a través de las expectativas y de la escasez de algunos insumos importados, los que se restringían por la situación de reservas, que a su vez era producto de la expectativa de devaluación. Pero la inflación, para mí, fue producto fundamentalmente de la reactivación económica: en los seis meses que fueron desde julio a enero la actividad aumentó casi 10%, un ritmo equivalente al 20% anual».

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