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domingo 9 de mayo de 2021
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Por qué las máquinas no hablan bien español y por qué deberían hacerlo

Cada día se habla con mayor naturalidad de inteligencia artificial (IA). Nos vamos acostumbrando a que esta etiqueta –con un significado para muchos aún rodeado de un halo enigmático– penetre con mayor frecuencia en nuestra rutina.

Sin ser apenas conscientes, sonreímos para desbloquear el teléfono móvil sin saber que tras ese segundo delante de la cámara, miles de píxeles convertidos en datos alimentan a gran velocidad algoritmos de deep learning. Estos son hoy día capaces de automatizar el reconocimiento facial en unos porcentajes superiores al 98 % de exactitud.

La eclosión ha sido estelar. Podemos considerar como punto esencial la victoria de DeepMind frente al primer jugador mundial de Go en 2016. En apenas 5 años, la afortunada combinación del volumen exponencial de datos generados, la creación de sistemas de procesamiento suficientemente potentes (unidades de procesamiento gráfico o GPU) y la madurez y liberación de los algoritmos de redes neuronales (como Tensorflow), han hecho realidad programable toda la teoría matemática que sienta sus bases en los años 50 del siglo XX, con las primeras teorías de Marvin Minsky o John McCarthy sobre el aprendizaje automático.

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