Por qué los esfuerzos de Rusia y China para poner fronteras a internet suponen el fin de la red tal y como la conocemos

En 2010, una delegación de países, incluidos Siria y Rusia, acudió a una agencia de Naciones Unidas con un extraño pedido: inscribir fronteras soberanas en el mundo digital.

«Querían permitir que los estados asignaran direcciones de internet nación por nación, en la forma en que los códigos de país se asignaron originalmente para los números de teléfono», explica Hascall Sharp, un consultor independiente de política de Internet.


Después de un año de negociaciones, la solicitud quedó en nada: crear tales límites habría permitido a los gobiernos ejercer estrictos controles sobre sus propios ciudadanos, violando el espíritu abierto de internet como un espacio sin fronteras, libre de los dictados de cualquier entidad individual.