¿Por qué no mueren las naciones?

¿Vaya pregunta, no? Pues porque no quieren morir, eso para empezar. ¿Y por qué no quieren morir? Bueno, esto ya es más difícil de responder.

Para hacerlo, nos fijaremos en el ejemplo de Europa y veremos qué ha pasado con sus naciones. Qué ha pasado con ellas desde que Ernest Renan pronunciara su famoso discurso en la Sorbona en 1882 y dijera lo siguiente:


Las naciones no son algo eterno. Han tenido un inicio y tendrán un final. Probablemente, la confederación europea las reemplazará. Pero no es esta la ley del siglo en que vivimos. En la hora presente, la existencia de las naciones es buena, incluso necesaria. Su existencia es la garantía de la libertad que se perdería si el mundo no tuviese más que una ley y un amo.

Resulta curioso eso de que «la confederación europea las reemplazará». Por eso resumiremos un poco la historia de Europa en los siglos XIX y XX, para ver por qué esas naciones europeas, que no son algo eterno, se resisten a desaparecer, como Renan anticipaba. Por qué no ha llegado aún (y no se sabe si llegará) esa «confederación europea» de la que hablaba hace más de un siglo