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domingo 25 de octubre de 2020
Periodismo . com

¿Por qué no una economía popular de plataformas?

En los últimos años, las plataformas y aplicaciones orientadas a conectar directamente ofertas y demandas de bienes y servicios, ya sea a través de la centralización de elementos hasta ahora dispersos (como la cadetería y la distribución), o de la puesta en valor de fragmentos de tiempo y recursos no monetizados, se han multiplicado en el mundo. Uber, Cabify, Glovo, AirBnb, Rappi, PedidosYa, Amazon o Mercado Libre son presencias habituales en la mayoría de las ciudades y protagonizan la versión empresarial de las economías colaborativas. Pero con el avance del COVID-19 y la implementación del aislamiento social, el sector se posicionó como un “servicio esencial” y las empresas del rubro aumentaron sus ganancias de manera sideral.

Las aplicaciones se presentan como una mediación casi aséptica y eficiente, pero han demostrado ser fuente de explotación y disciplinamiento sobre los miles de jóvenes que las utilizan como medio de empleo. También inciden significativamente en procesos de gentrificación y especulación inmobiliaria, en el incremento de los problemas estructurales del tránsito, y en el uso de bienes y lugares públicos. Por ello, en simultáneo a su aparición, vienen siendo objeto de críticas a nivel mundial y han motivado intensos debates jurídicos y laborales.

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