Por qué PedidosYa, Rappi y Glovo están cambiando la comida, las compras y el trabajo

En uno de los tramos finales de su participación en el debate presidencial, Alberto Fernández dijo que Mauricio Macri “uberizó” la economía argentina. Y que los emprendedores con los que soñaba Cambiemos terminaron siendo “monotributistas que se suben a una bicicleta y reparten pizzas”. Para Fernández, Argentina cayó en un sistema por el cual “el empleador se quita obligaciones y el que trabaja pierde derechos”, en clara disidencia con uno de los nudos centrales del discurso del gobierno saliente, su promesa de reforma laboral y diatriba contra la “industria del juicio”. Pero en una de sus últimas presentaciones antes de las elecciones, en pleno Coloquio de IDEA, el ministro de Producción y Trabajo Dante Sica dejó un mensaje específico sobre esta nueva región de la vida en sociedad: “Necesitamos crear un régimen especial para trabajadores de plataformas”.

Los protagonistas de esta historia son los que cambiaron el paisaje de las principales ciudades del mundo con sus mochilas térmicas ploteadas, esos que dribblean la jungla de cemento en moto o bicicleta camino a su impaciente destinatario. Los repartidores cuyas empresas inundaron con publicidad la vía pública y varios segundos de televisión, esas que se amontonan para ofrecer promociones imposibles en cada video de Youtube. Las apps de delivery son una de las divas del llamado capitalismo de plataformas, un modelo de negocios que, a la manera de Uber (movilidad sin vehículos) y Airbnb (hospedaje sin hoteles), ofrece logística sin relaciones laborales convencionales. Una infraestructura tecnológica que conecta consumidores con comercios y repartidores. Una trinidad que se volvió ultraeficiente por su bajísimo costo, inmediatez y calidad de servicio, a caballo de la capilaridad digital, la flexibilidad, la geolocalización y el big data.