Por qué pensar a corto plazo es una de las grandes amenazas para la humanidad (y las asombrosas iniciativas para evitarlo)

No mucho después del nacimiento de mi hija a comienzos de 2013 tuve un pensamiento iluminador sobre la vida que tiene por delante.

Con suerte y salud, vivirá lo suficiente para ver el amanecer del siglo XXII. Puede que esté frágil o cansada. Pero cuando estallen los fuegos artificiales, ojalá esté pensando en el porvenir. Para entonces quizá la medicina haya extendido la esperanza de vida y, con 86 años, puede que solo esté al borde de la jubilación.


Como periodista, a menudo me encuentro con la fecha 2100. Es un año frecuentemente citado en las noticias sobre el cambio climático, las historias sobre tecnologías futuras y la ciencia ficción. Pero está tan lejos, cubierto por tantas posibilidades, que la ruta que tomaremos para llegar allí es difícil de ver.

Rara vez tomo en cuenta que, al igual que mi hija, millones de personas estarán ahí cuando llegue 2100, heredando el siglo que mi generación dejará atrás. Ellos tendrán que vivir con todas las decisiones que tomemos nosotros, para bien y para mal.