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viernes 27 de noviembre de 2020
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¿Por qué resiste Trump?

La breve coyuntura de inestabilidad política instalada la noche del 3 de noviembre, se cerró para casi todo el mundo el sábado 7, cuando Pensilvania y Nevada se pintaron de azul y permitieron que Biden superara el número mágico de los 270 delegados en el Colegio Electoral.

Por arriba, el partido demócrata y el republicano son los dos partidos de Wall Street y la burguesía imperialista. Pero por abajo, a la hora de legitimar el régimen político de la plutocracia, se basan en coaliciones electorales distintas, que con pocos matices se han repetido en esta elección. La base electoral demócrata está en las ciudades, en los sectores de menores ingresos, sindicalizados, jóvenes, precarios, afrodescendientes, latinos y LGTB. La base electoral republicana está concentrada en las zonas rurales, mayormente masculina, blanca, de mediana edad, de ingresos superiores a 100.000 dólares anuales y de nivel educativo básico. La sorpresa fue el mejor desempeño de Trump en sectores latinos, no solo entre el gusanaje de Florida, algo esperable, sino en bastiones demócratas como el empobrecido Valle de Río Grande en Texas (Mike Davis los llama los republicanos del Valle del Río Grande). De conjunto, la elección no fue el repudio masivo a Trump que, contra todos los pronósticos, aumentó su caudal electoral. Fue más reñida de lo esperado y terminó definiéndose a dentelladas en los mismos swing states que definieron la elección de 2016, lo que dejó una sensación incómoda de un seudo “empate catastrófico”. Aunque haya ganado Biden no solo en el Colegio Electoral sino también en el “voto popular”, los 70 millones de votos que obtuvo Trump es un capital político disponible.

En este marco de profunda polarización, la política de Trump de torpedear la elección ha abierto un escenario pos electoral enrarecido y cargado de tensiones.

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