¿Por qué si Alemania es el país más poderoso de Europa es tan reticente a convertirse en una superpotencia militar internacional?

Con Vladimir Putin operando para ganar influencia en Europa del este, con conflictos en Asia y Medio Oriente provocando una ola de migración hacia Europa y con Donald Trump cuestionando el compromiso de Estados Unidos con la OTAN, Alemania tiene buenas razones para sentirse insegura.

«Debemos luchar por nuestro futuro nosotros mismos como europeos», dijo la canciller Angela Mekel en mayo.


Tropas alemanas están desplegadas en sitios que van desde Lituania hasta Afganistán y Mali. Y Merkel ha prometido incrementar el gasto de defensa del país.

Pero Alemania y su canciller enfrentan un problema fundamental: la mayoría de los alemanes se muestran muy renuentes de seguir por ese camino.

Miran con sospecha a su propio ejército. Es una actitud reforzada por un escándalo reciente que involucró a la Bundeswehr (las Fuerzas Armadas alemanas).