viernes 16 de noviembre

¿Por qué son tan tóxicos los grupos de WhatsApp?

Es simple. No estábamos preparados para los grupos de WhatsApp. Los veteranos, que atravesamos las violentas escaramuzas de Usenet y el IRC, a mediados de la última década del siglo pasado, aprendimos a los golpes una serie de lecciones. Eran golpes duros, que te dejaban grogui por varios días y te hacían pensar en que toda esa novedad de Internet, que horas antes te parecía una maravilla, era en realidad una cueva de malandras irrespetuosos, sociópatas verbales y trolls sin vida, pero más hostiles que un T-Rex con gastritis.

Poco a poco, trompada tras trompada, empezamos a cultivar normas convivencia, como la de no abusar del ancho de banda o no escribir todo en mayúsculas. Estas reglas de etiqueta se mantuvieron más o menos en vigencia, migrando de plataforma en plataforma, como una suerte de tradición de la Red, incluso cuando el número de sus usuarios, a principios de este siglo, se disparó. Entonces apareció WhatsApp y, literalmente, explotó todo.


De suyo, los grupos de WhatsApp son una gran idea, algo así como redes sociales hechas a la medida de las personas, al revés que Facebook o Twitter, en los que tenés tantos amigos como para llenar un teatro, una cancha de fútbol o una nación. No son amigos, lógicamente, sino contactos, pero pudimos procesar bien esa ambigüedad. Los grupos de WhatsApp son también una buena idea porque suelen fundarse con un fin específico.

Dejar un comentario