domingo 26 de junio de 2022
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Por qué tiene problemas de popularidad Kamala Harris

Los malos datos de popularidad y el trasiego de rumores en la gran feria política que es Washington están erosionando la figura de Kamala Harris, la mujer que, pronto hará un año, hizo historia al convertirse no solo en la primera vicepresidenta de Estados Unidos, sino también en la primera persona negra en conseguirlo. A juzgar por los sondeos, el desgaste del Gobierno ha pasado más factura a Harris que al presidente, Joe Biden. Y en la capital se ha instalado un relato sombrío: han proliferado artículos que hablan de la frustración de su equipo por la falta de protagonismo que ha obtenido en estos meses; su portavoz, Symone Sanders, acaba de anunciar su marcha y hace unas semanas hizo lo propio su directora de comunicación, Ashley Etienne, después de un reportaje demoledor de la cadena CNN, que obligó a Harris a salir a desmentir problemas con Biden.

La de vicepresidente de Estados Unidos es una posición muy particular. Se encuentra a un peldaño de la oficina más poderosa del mundo y, al mismo tiempo, salvo una fatalidad, sus funciones parecen meramente cosméticas de puertas afuera, aunque acabe siendo la persona a la que más consulte el presidente, como Biden describe su periodo de número dos a la sombra de Barack Obama. Una vez, Benjamin Franklin propuso dar tratamiento de “su superflua excelencia” a quien ocupase el puesto de vicepresidente. Nelson Rockefeller, que desempeñó ese papel con Gerald Ford (1974-1977), resumió así su trabajo: “Voy a funerales, voy a terremotos”. Thomas Marshall, vicepresidente de Woodrow Wilson (1913-1921), definió el puesto de “cataléptico”: “No puede hablar, no puede moverse, no siente dolor, es perfectamente consciente de todo lo que pasa, pero no participa en ello”.

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