sábado 28 de mayo de 2022
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¿Por qué todas las firmas quieren vestir a Carrie Bradshaw?

Durante décadas, los diseñadores hacían el agosto durante las temporadas de premios. Las estrellas más fulgurantes del momento lucían —contrato mediante— estilismos de los que después hablarían las principales revistas de moda de todo el mundo. En la actualidad, todavía quedan resquicios de aquella estrategia de publicidad basada en el componente aspiracional, pero la técnica se ha sofisticado. Primero, fueron las influencers las que usaron su imagen para vendernos todo aquello que ellas amaban y ahora son los productos audiovisuales más atractivos para las masas los que han seguido su estela.

Pero este fenómeno no es nuevo. ¿Quién no ha suspirado por el vestido que llevaba Diane en Trainspotting? Y lo mismo podríamos decir del total look de Courrèges que Sharon Stone llevaba en Casino. La diferencia con la actualidad es que, a mediados de los 90, nadie sabía dónde encontrar aquel slip dress de paillettes rosa palo. Y aunque el conjunto de la firma francesa era más fácil de rastrear, resultaba a todas luces inasequible.

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