Premios Ig Nobel: la ciencia también hace reír

Todos los años desde 1991, a principios de octubre, se entregan en el Sanders Theatre de la Universidad de Harvard los premios Ig Nobel (un juego de palabras entre Nobel e ignoble, en castellano: innoble, bajo o mezquino). Distinguen diez trabajos que «primero hacen reír y después, pensar», según su fundador, Marc Abrahams, también creador y editor de la revista de humor científico Annals of Improbable Research, experimentos aparentemente grotescos, como preguntarse dónde hace más calor, si en el paraíso o en el infierno (según las pistas que da la Biblia, ¡en el paraíso!). Es una ceremonia desopilante, en la que en ocasiones intervienen como presentadores auténticos premios Nobel. Los nominados acuden disfrazados, hacen monerías en el escenario, vuelan globos y papelitos y todo el mundo se divierte en grande. Pero tras el supuesto despropósito las investigaciones a veces ocultan estudios rigurosos y el premio pretende honrar la creatividad y «estimular el interés por la ciencia».

«Queremos promover la curiosidad y cuestionar cómo se decide qué es importante y qué no, qué es real y qué no, en la ciencia y en todas las esferas de la vida», explican Abrahams y sus socios.