martes 18 de diciembre

Premios Nobel: ¿Son realmente necesarios en el siglo XXI?

La ceremonia se repite año tras año desde 1901: en algún lugar del mundo, una persona -por lo general hombre, estadounidense, europeo o japonés y de más de 60 años- recibe una llamada de felicitaciones. Según el huso horario en el que se encuentre, a este investigador lo despierta una voz que le comunica su ingreso a un club privado, una especie de Olimpo pagano donde codearse con Albert Einstein, Niels Bohr, Max Planck y el matrimonio Curie.

El martes pasado a las 4.58 de la mañana un teléfono sonó en la ciudad de Ontario, en Canadá. “¿Qué sucede?”, fue lo único que atinó a balbucear Donna Strickland quien, junto a su esposo Doug, aún intentaba dormir. “Es una llamada importante desde Suecia -dijo una voz del otro lado de la línea-. No cuelgue mientras transferimos la llamada”. Así estuvo durante unos 15 minutos, alterada y con el teléfono en la mano. Hasta que a esta física de 59 años se le cruzó por la cabeza que podía tratarse de una broma de mal gusto de algún colega o de algún estudiante reprobado. Y colgó. Pero cuando fue a ver sus e-mails, encontró entre ellos un correo electrónico sospechoso. Su remitente era la Academia de Ciencias Sueca. “No hemos podido contactarnos con usted”, decía. “Llámenos inmediatamente”. Ahí se enteró: esta científica de la Universidad de Waterloo, quien en 1985 había desarrollado un método para generar los pulsos de láser más cortos e intensos creados por la humanidad, había ganado un Nobel. Lo compartía con su colaborador el francés Gerard Mourou y el estadounidense Arthur Ashkin, de 96 años, la persona de mayor edad en recibir esta distinción.


Como era de esperar, el anuncio de este galardón de 1,4 millones de dólares tomó por sorpresa a Strickland. Pero también al resto del mundo. No solo porque, pese a que la técnica creada por Strickland y Mourou es usada actualmente en millones de cirugías correctivas de la vista, en unidades de disco óptico, impresoras láser y escáneres, esta física hasta entonces ni siquiera contaba con una página en Wikipedia pues un moderador de la enciclopedia digital había considerado que no era lo suficiente “famosa”. En especial, el nombre de esta investigadora resaltó sobre el del resto por un pequeño detalle: en toda la historia de los Nobel solo dos mujeres habían ganado en la categoría de Física. Una había sido Marie Curie en 1903 por su papel en el descubrimiento de la radiación y la última fue Maria Goeppert-Mayer, galardonada en 1963 por sus descubrimientos sobre el núcleo de los átomos. Strickland venía a romper una racha de 55 años de sequía.

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