Presos con celulares, comercios e industrias: el modelo uruguayo para bajar la violencia en las cárceles

Wilson camina por su taller con una tablet en la que chequea los últimos mensajes de sus clientes. A la confitería «La Nueva» acaba de ingresar un pedido de 10 sandwiches de pollo. En el aserradero todos los operarios trabajan sin quitar la vista a las maderas. Es lo que ocurre en cualquier rutina laboral, pero lo que cambia es su contexto: son comercios e industrias que están adentro de cárceles. Se trata del modelo que Uruguay puso en marcha en 2010 para bajar la violencia en las penitenciarías y lograr una reinserción de los presos con oportunidades para que no vuelvan a delinquir.

Punta de Rieles es lo que se puede llamar una «cárcel ciudad»: los presos caminan libremente por el predio y trabajan en sus 52 comercios y emprendimientos. Hay desde una casa de tatuajes hasta un restaurante. El Complejo Carcelario «Santiago Vázquez», conocido como COMCAR, es la cárcel más grande de Uruguay. Allí hay un Polo Industrial en el que se desempeñan 400 presos.


¿El resultado? Niveles de violencia cero, la aceptación de los detenidos de un sistema que no se basa en el encierro en una celda la mayor parte del día, y un proceso donde la cárcel es un lugar con un trato digno en el que se busca una salida para el futuro.

«Nunca tuve una oportunidad en mi vida más que acá», dice Rolando Bustamante, uno de los detenidos que tiene un negocio en Punta de Rieles.