Primera meta: convencer a los propios

Luego de los primeros pasos democráticos e institucionales de ayer, Alberto Fernández comenzará hoy su gestión económica con las dos misiones con las que se juzgará su gestión: evitar un default completo de la deuda argentina y lograr mejorar las tres críticas variables macroeconómicas que heredó en crisis de parte de Mauricio Macri: pobreza, inflación y la inestabilidad cambiaria. Sólo dominando las dos misiones, el flamante Presidente podrá lograr lo que, en el fondo, se le demanda: que la Argentina vuelva a crecer después de 10 años de estancamiento crónico. Alberto Fernández recibirá una economía estancada desde 2010, con altibajos de períodos anuales de crecimientos y caídas, y tres recesiones vividas en nueve años. Esto incluye tanto el último período presidencial de Cristina Fernández de Kirchner y los cuatro años de Mauricio Macri.

El país que recibirá suma, además, dos años consecutivos de baja de la actividad, acumulando una demolición de más de 5% entre 2018 y 2019. Como además será inevitable que también 2020 sea un año negativo (se estima que el PBI caerá entre 1% y 1,5%, solo por la herencia recibida de 2019), la apuesta de Alberto Fernández deberá concentrarse en lograr torcer la tendencia desde el segundo semestre de 2020, y comenzar a mostrar números anuales positivos en 2021. Para poder lograr terminar su gestión con un país recuperado de los 10 años de estancamiento que heredará, durante los últimos tres años de su período presidencial, tendrá que mostrar un alza en la economía real de no menos del 6%. Será difícil. Muy difícil. Pero no es una utopía. Dependerá del éxito de su estrategia desde estos primeros momentos de su presidencia. Y una de las claves de su potencial triunfo será que sus propios seguidores, especialmente el kirchnerismo, sepan la dureza y dificultad de los tiempos que vienen.