lunes 10 de diciembre

¿Publicar o no publicar? Un dilema frente a las noticias falsas

Fake news. Noticias falsas: ese término en el que tanto pensamos, que discutimos, que nos preocupa porque son un atentado a la verdad (o a la ilusión que tenemos de alcanzarla) y la democracia, que está tan en boga desde que Donald Trump comenzó a sobreutilizarlo durante la campaña que lo llevó a la presidencia en 2016, pero que existe desde siempre.

Pueden haber tenido otro nombre, pero la Historia de la Humanidad está plagada de noticias falsas y manipulación de información: han sido parte central de las guerras, los conflictos políticos y sociales, los grandes enfrentamientos y, por qué no decirlo, a una escala más pequeña de mezquinas rencillas familiares y románticas.


La gran diferencia entre las fake news con que los atenieses engañaron a los espartanos y viceversa durante la Guerra del Peloponeso y las que se difunden en la era del Brexit, Vladimir Putin y Trump es la masificación que estas últimas encuentran en las redes sociales. Y la facilidad con que pueden ser viralizadas no sólo por gobiernos o actores políticos, sino por cualquier persona con una mínima habilidad técnica y deseos de difundir un mensaje falso por intereses personales, comerciales o, simplemente, por jugar al listo. O al gracioso.

Ya hemos sido testigos de lo devastadoras que pueden ser. Las noticias falsas no sólo son capaces de influir en el resultado de elecciones, sino también de cobrar vidas como ha sucedido en los últimos meses en México y en India, donde videos falsos de hombres secuestrando niños que se han compartido masivamente por Whatsapp han terminado en el linchamiento de inocentes.

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