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sábado 28 de noviembre de 2020
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Puentes y autopistas entre lo público y lo privado

Cada vez que recibe a un empresario, en persona o por WebEx, y después del cruce de saludos que la pandemia obligó a enfriar un poco, Alberto Fernández recita el mismo mantra.

-Lo que pasó, pasó. Miremos para adelante.

Es una contraseña para zanjar los prejuicios que mantiene buena parte del establishment frente a un gobierno al que insisten en llamar “kirchnerismo” tanto sus opositores más recalcitrantes como los medios de comunicación mejor financiados, incluso por la pauta publicitaria pública y los subsidios oficiales anti-COVID. Una especie de cono del silencio para evitar ventilar detalles de su relación con la vicepresidenta, imán infalible de esos prejuicios pero portadora a su vez de los suyos propios.

El Presidente está convencido de que la reconstrucción demandará esfuerzos mancomunados con hombres de negocios con quienes mantiene una relación tirante, como Paolo Rocca. Al magnate dueño de Techint, por ejemplo, todavía le guarda rencor por el plantazo que le pegó en Olivos dos meses atrás, cuando lo invitó junto a Luis Pagani (Arcor), Luis Perez Companc (Molinos), Daniel Herrero (Toyota), Miguel Acevedo (Aceitera General Deheza), Marcos Bulgheroni (Panamerican Energy), Javier Madanes (Aluar) y Martín Migoya (Globant), entre otros, para pedirle apoyo para la post-pandemia. Y sin embargo acaba de avalar el pacto que selló Matías Kulfas con Tecpetrol, la petrolera de Rocca: un borrón y cuenta nueva para reponer hacia adelante los subsidios a la perforación de nuevos pozos en Vaca Muerta y aligerar en USD450 millones el reclamo judicial por casi 1.600 millones que inició Rocca cuando Gustavo Lopetegui recortó unilateralmente las subvenciones que antes había firmado Juan José Aranguren.

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