¿Qué hacemos con el dólar?

Las disyuntivas que se presentan con las opciones para lidiar con la disparada del dólar son delicadas. Un camino posible es el de no hacer nada y dejar que el tipo de cambio corra libremente hasta que se ubique en algún valor que dependerá de las expectativas que prevalezcan en los mercados. El beneficio de ello es que no se gasta ningún instrumento. El riesgo que ese camino conlleva es alto. Una mega-depreciación implica una fuerte caída de la actividad, con pérdida de empleo y salario real, y más pobreza. Y el principal riesgo es el de una espiral de depreciación-inflación, en la que un fuerte efecto de la depreciación cambiaria sobre los precios alimenta expectativas de una mayor depreciación, y la mayor depreciación resultante vuelve a generar un crecimiento de los precios, y así sucesivamente.

El otro camino es el de hacer algo para frenar la corrida. El tema es qué. El gobierno no tiene un plan económico nuevo para ofrecer con el cual cambiar las expectativas en los mercados. Y al Banco Central casi no le queda pólvora. Una posibilidad es vender reservas internacionales, como hizo este lunes post PASO; pero a los niveles de incertidumbre actuales es difícil que eso sea efectivo para frenar la corrida, y por el contrario, liquidar las reservas implicaría un aumento del pasivo externo neto del país, dejándolo en una posición aún más vulnerable.